¿BEBES AGUA DEL GRIFO O EMBOTELLADA?

Si eres una de esas personas que todavía bebe agua del grifo o embotellada, esta información, te interesa.

Agua del grifo

Los tóxicos de las casas (productos del hogar, medicamentos…) de las industrias, los restos de pesticidas, herbicidas , plásticos, metales pesados, flúor, y demás venenos y sustancias, acaba en los ríos y mares, y aunque el agua se potabiliza, sería inviable hacerlo a unos niveles tan profundos como para eliminar todos estos microcontaminantes, al mismo agua que vamos a utilizar para lavar la ropa, fregar o que usa el sanitario. Por tanto, el agua del grifo es potable, pero para nada saludable.

Esto tóxicos modifican hormonas (disruptores hormonales o endocrinos), afectan al sistema nervioso, neuronal, aparato respiratorio y esto causa numerosos desequilibrios en cadena y patologías crónicas y enfermedades.

Las regulaciones establecen limites permitidos por cada sustancia/producto, pero no se tiene en cuenta efecto acumulativo de todos los contaminantes a los que estamos expuestos, ni su exposición durante años, ni su interacción entre ellos, ni que cada vez   hay más y más productos con los que nos estamos intoxicando en productos de higiene, limpieza, comida, envases, aire.

Cada vez hay más estudios que establecen la relación entre la exposición a tóxicos y enfermedades cardiovasculares, hormonales, crónicas, digestivas, inflamatorias, cánceres, fibromialgia, autismo, cansancio crónico, obesidad, parkison, alzheimer, así como enfermedades emocionales como ansiedad o depresion. Estas sustancias se acumulan en nuestros tejidos, cerebro y sangre, alterando todos nuestros sistemas y provocando desde síntomas  leves a patologías más graves.

Agua embotellada

Aparentemente comercializada como una alternativa más saludable, podemos saber que no es así, debido a los disruptores endocrinos liberados por las botellas de plástico y por los microplásticos encontrados. Es una opción nada sostenible y cara.

Según informes de ONU el 10%  de los microplasticos y nanopartículas consumidos pueden incrustarse en la pared intestinal, traspasar la mucosa digestiva e introducirse en el sistema linfático.

Las partículas de unas 110 micras de tamaño (0.11 milímetros) pueden entrar a la vena porta hepática, la cual lleva sangre de los intestinos, la vesícula, el páncreas y el bazo al hígado. Se ha demostrado que las partículas más pequeñas, de unas 20 micras (0.02 milímetros) entran al flujo sanguíneo antes de incrustarse en los riñones y el hígado, e incluso al sistema limbico cerebral.

Recientes estudios advierten que la ingesta de estas partículas puede estar vinculado a «ciertos tipos de cáncer, la disminución de la cantidad de espermatozoides o incluso el aumento de ciertas enfermedades como el problema del déficit de atención o el autismo»

Lo más grave es  que los mayores expertos consideran que todavía no tenemos conocimiento de hasta que punto pueden llegar los efectos de los microplásticos en nuestro organismo, afirmando que «hay una ausencia de ciencia», y que es urgente realizar múltiples estudios en esa dirección.

Sobre los contaminantes hormonales o disrupores endocrinos, tras un estudio de 2015 de la universidad de granada donde se analizaron en el laboratorio la actividad hormonal de 29 muestras de agua embotellada comercializada en España como “agua mineral natural” y procedente de diferentes manantiales naturales, los resultados indican que todas las muestras de agua tienen acción hormonal.

Las concentraciones de contaminantes hormonales causan efectos adversos, sobre todo en el feto y los niños a estas concentraciones, y la exposición puede ser elevada debido al consumo de agua embotellada. Estos efectos van desde problemas de pérdida de fertilidad hasta problemas metabólicos, inmunitarios, de neurodesarrollo y cáncer en órganos dependientes de las hormonas, como cáncer de mama, tiroides, testículos o próstata.

El impacto medioambiental del agua embotellada es muy alto. Cada minuto se compra un millón de botellas de plástico en todo el mundo, y la cifra se disparará otro 20% para 2021, creando una crisis medioambiental que algunos activistas comparan en gravedad con el cambio climático.

No es cuestión de crear alarma, pero sí conciencia. Es clave dejar de desde nuestros hogares contribuyamos a un cambio, y pongamos freno a esta crisis de salud y ecológica. 

Y entonces te preguntarás,  ¿qué agua bebo entonces? Pincha en el enlace para conocer más.

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